Preferí estudiar en Universidad de Chile por su prestigio institucional, por sus maestros Igor Saavedra y Moisés Mellado más Centro Deportivo de Ingeniería, con el club de ajedrez más entretenido del país.
Siempre mantuve fascinación por la biología y nuestro encuentro formal se dio antes de lo esperado, en 1983. En 1997, tuvimos un reencuentro tardío pero con gran intensidad.
Bioingeniería=biotecnología <==> José Tohá Castella
En Beauchef, tuve la grata sorpresa de encontrar "Bioingeniería" en el catálogo de ramos y lo tomé feliz en 1983 ó 1984, como en quinto a séptimo semestre. Lo dictaba José Tohá Castella, homónimo del ex-ministro de Salvador Allende. Médico y poeta era avis rara en la facultad aunque "se rayaba con temas de energía" como cualquier ingeniero.
El doctor Tohá se especializó en biofísica y en el tercer piso del Departamento de Física armó su oficina y laboratorio, que pronto extendió a los techos, donde instaló estanques para criar algas como biofábricas. Su idea era capturar fotones de la energía luminosa para transformarla en energía química. Todo un pionero de los biocombustibles. Pronto se hizo evidente que, sin las mareas y olas, debía incorporarse una bomba para agitar los estanques y evitar la precipitación de algas. Esto estropeaba el balance de energía y la ganancia esperada. Resumiendo, la idea no resultó. Pero estas fallas no aminalaron su espíritu.
Entonces tomé otro curso extraño para la malla típica: "Vida inteligente en el universo", que cada semana tenía un profesor distinto. Cuando tocó astronomía con el decano Claudio Anguita PhD, él contó de sus pesadillas por los trabajos biofísicos. Soñaba que llegaba a su facultad y la encontraba cubierta de plantas monstruosas.La pesadilla del decano Anguita era leit-motiv en los filmes B
Sistema Tohá: aguas servidas tratadas con biofiltros
Tohá perseveró, usó gusanos como biofiltros y rayos UV para esterilizar e inventó y patentó el sistema Tohá para tratar aguas servidas. Hoy se ocupa en el mundo. Le trajo fama y fortuna como el premio Alcatel en distinción póstuma. Yo siempre lo recomiendo dado lo amigable con el medioambiente...
Hace poco, evangelicé al cliente "Campus de Montaña" de la Universidad San Sebastián.
El sistema Tohá utiliza gusanos como biofiltros para limpiar aguas servidas.
Una opción es clorar, algo menos amigable con el medioambiente
Inspiración y transpiración
José Tohá era un loco lindo, enamorado de su trabajo. Una vez salí tardísimo de un torneo de ajedrez en el Centro Deportivo y ví luz en el laboratorio de biofísica. Quise comprobar si eran ciertos los rumores "que vivía ahí"; llegué y él estaba trabajando. Me contó que era su mejor panorama (yo tampoco tenía algo mejor, mi polola Erika se había vuelto al sur). Ofrecí ordenar pero lo rechazó porque ya estaba muy cochino y limpiar podía afectar sus resultados... Estuve horas acompañándolo, luego me fui caminando a mi residencia porque ya no pasaban las famosas micros Blanco-Andes.
Como yo estaba estudiando ingeniería civil y computación en esos tiempos, una vez me pasó listas de números y me pidió que le corrigiera unos cálculos, ojalá escribiendo un programa para revisar probabilidades. Eran miles de números y varias fórmulas. Mucho tiempo después me dí cuenta que él ya estaba investigando en bioinformática. Patricio Araneda, PhD, quien me ayudó un tiempo como editor técnico de la Revista Bioplanet y socio de la empresa biotecnológica Ecotecnos, me contó que Tohá tenía su propio método para secuenciar genomas: algo estadístico, quizás no muy perfecto pero definitivamente ingenioso. Igual que sus clases, no muy preparadas para el estándar de la facultad pero mucho más creativas. Una vez lo encontré durante un recreo en el pasillo frente a los ficheros de notas. Improvisamos una conversación y compartimos como cinco ideas para investigar y un proyecto interesante para desarrollar, casi todas surgieron de él.
En 1983 nos habló de las tunas y su potencial energético. Lo descubrió una vez que le explotó un matraz donde tenía fermentando algunas cáscaras y pulpa. Siempre lo recordé y difundí.
Décadas después supe que una empresa alemana las cultivaba en cientos de hectáreas alrededor de La Serena o Puchuncaví. Las utilizan como fuente de biogás. Incluso se podría tener como derivado el carmín de cochinilla, tintura natural que se obtiene del caparazón del insecto que vive en los cactus. Notable fue después: en un cóctel de networking de First Tuesday se me acerca un ex alumno de la Universidad Adolfo Ibáñez y empieza a hablar de las tunas. Mi acompañante ocasional exclama: "¡vaya, sí que se impresionó con tus clases!". El mérito es de mi maestro. Hace poco el doctor Pablo Valenzuela, discípulo del profesor Osvaldo Cori, me contó que él había hecho una pasantía en el laboratorio del doctor José Tohá. Ellos ya tenían un sistema pionero para formar mejor a sus estudiantes.
Fundé la Revista Bioplanet en julio de 1999. El primer entrevistado fue José Tohá Castella. Siempre me alegraré de mi decisión, providencial, porque él murió a finales de ese año. El sitio web de Bioplanet tiene problemas de actualización pero la entrevista fue preservada en otro blog.
Como yo estaba estudiando ingeniería civil y computación en esos tiempos, una vez me pasó listas de números y me pidió que le corrigiera unos cálculos, ojalá escribiendo un programa para revisar probabilidades. Eran miles de números y varias fórmulas. Mucho tiempo después me dí cuenta que él ya estaba investigando en bioinformática. Patricio Araneda, PhD, quien me ayudó un tiempo como editor técnico de la Revista Bioplanet y socio de la empresa biotecnológica Ecotecnos, me contó que Tohá tenía su propio método para secuenciar genomas: algo estadístico, quizás no muy perfecto pero definitivamente ingenioso. Igual que sus clases, no muy preparadas para el estándar de la facultad pero mucho más creativas. Una vez lo encontré durante un recreo en el pasillo frente a los ficheros de notas. Improvisamos una conversación y compartimos como cinco ideas para investigar y un proyecto interesante para desarrollar, casi todas surgieron de él.
En 1983 nos habló de las tunas y su potencial energético. Lo descubrió una vez que le explotó un matraz donde tenía fermentando algunas cáscaras y pulpa. Siempre lo recordé y difundí.
Décadas después supe que una empresa alemana las cultivaba en cientos de hectáreas alrededor de La Serena o Puchuncaví. Las utilizan como fuente de biogás. Incluso se podría tener como derivado el carmín de cochinilla, tintura natural que se obtiene del caparazón del insecto que vive en los cactus. Notable fue después: en un cóctel de networking de First Tuesday se me acerca un ex alumno de la Universidad Adolfo Ibáñez y empieza a hablar de las tunas. Mi acompañante ocasional exclama: "¡vaya, sí que se impresionó con tus clases!". El mérito es de mi maestro. Hace poco el doctor Pablo Valenzuela, discípulo del profesor Osvaldo Cori, me contó que él había hecho una pasantía en el laboratorio del doctor José Tohá. Ellos ya tenían un sistema pionero para formar mejor a sus estudiantes.
Fundé la Revista Bioplanet en julio de 1999. El primer entrevistado fue José Tohá Castella. Siempre me alegraré de mi decisión, providencial, porque él murió a finales de ese año. El sitio web de Bioplanet tiene problemas de actualización pero la entrevista fue preservada en otro blog.



notable ... me encantaria un dia poder charlar mas a fondo sobre sus inicios y todas estas historias...
ResponderSuprimirsaludos profe.. nos vemos..
Sebastian Melo... estud.ing.civ. en bio. "congelado" de USS .. ajajaja saludos maestro.