Estudiaba secundaria cuando -informado por mi profesor de física Patricio Cifuentes- viajé de La Unión a Valdivia para "colarme" de oyente en una clase del Instituto de Verano de Física en la Universidad Austral de Chile. Era un curso de mecánica cuántica que dictaba el director del programa Igor Saavedra Gatica, PhD. El contenido me resultó ininteligible en la formulación matemática pero -gracias a la claridad y sencillez de la exposición- entendí algo de los conceptos físicos.Igor Saavedra Gatica obtuvo
el premio nacional de ciencias en 1981
Contruyendo un nuevo mundo
Esa clase cambió mi vida. Sabía poco pero quise aprender. Tiempo después recordé a Hermann Hesse quien escribió -si recuerdo bien en Demian- "para construir un mundo, hay que destruir el anterior". Mi mundo anterior era familia, hogar, colegio, Universidad Austral, amigas, mi compañero y amigo Mario Hales con nuestra carrera presumiblemente conjunta en ingeniería comercial, etc. El mundo nuevo era Beauchef, Universidad de Chile, Santiago y mucha soledad inicial que se compensó con "La Chacra" de Ingeniería.
Ingeniería en la Chile se abrió en mi mente por la presencia del profesor Igor Saavedra. Su personalidad me cautivó no sólo por su excelencia académica sino por su sencillez personal. Él fue y siendo siendo asequible para cualquier persona, a pesar de su enfermedad autoinmune. En los ochenta, por gusto, yo caminaba toda la costanera valdiviana desde la casa de tía Teresa hasta isla Teja.
Vista áerea de Valdivia. En primer plano Isla Teja.
Fue difícil renunciar al paisaje y a las personas del sur chileno
Fue difícil renunciar al paisaje y a las personas del sur chileno
A veces, encontraba al doctor Saavedra caminando desde el hotel Pedro de Valdivia y cruzábamos juntos el puente. Rara vez le hablaba porque el paisaje invita al deleite o a la introspección. Una vez me dijo que "lamentablemente" el alcalde lo había visto caminando y le había ofrecido llevarlo en auto a la sala. No pudo rechazar la gentileza pero sentía el estropicio del paseo y meditación, parte de lo encantador de trabajar en la Austral.
La fotografía del mercado valdiviano, tomada del puente sobre el río Calle Calle,
es tan tradicional como la canción "Camino de Luna" de Luis Aguirre Pinto
es tan tradicional como la canción "Camino de Luna" de Luis Aguirre Pinto
En otoño de 1981 me tocó "Introducción a la Física" con Francisco Brieva, quien enseñaba correctamente. Pero también me metía a la clase del profesor Saavedra, famoso por sus clases magistrales. En la mejor tradición de la facultad, los profesores desarrollaban noventa minutos de memoria. (Quien llevara apuntes era bautizado como "Adán, porque sin la hoja quedaba desnudo").
Años después tomé "Física Moderna" con el doctor Saavedra, donde tuve una gratificación muy personal en una clase. Analizando la discrepancia entre los resultados teóricos y experimentales -que se conoce como la catástrofe del ultravioleta- dijo que la mecánica clásica no podía explicar el fenómeno. Yo argumenté que podía concebirse un sistema clásico, entre resonante y forzado, que pudiera amplificar oscilaciones (por ejemplo, como el puente Tacoma Narrows pero a escala ínfima). Él refinó la explicación y dijo que haciendo los cálculos clásicos, el tiempo para observar una respuesta es muchísimo mayor que los cálculos cuánticos usando por ejemplo la ley de Planck).
Destellos de una mente brillante:
- Reseña en Wikipedia
- La huella de Igor Saavedra
- Premio medalla de oro (2000)
- "Prostitución científica" (2002)
- Ética neoliberal y vida académica (2002)
- Entrevista en radio Universidad de Chile (2010)Después de titularme, pasé en varias ocasiones a verlo a su oficina.
En 1999, lo invité a la inauguración de la Revista Bioplanet -"biotecnología para sus negocios"- que hice en Beauchef donde llegó a pesar de su salud inestable. Compartió el podio con el doctor Pablo Valenzuela, quien obtuvo el Premio Nacional en Ciencias Aplicadas en 2002.
Cuando Igor Saavedra dictó su clase magistral en la Universidad de Tarapacá, los medios recogieron la polémica y destacaron conceptos como prostitución científica (en el sentido de adulteración) y empresarios de la ciencia. Pablo Valenzuela y varios colegas rechazaron las calificaciones en lo que fue un choque de paradigmas. Tiempo después, pude contarle "al tío Igor" que -si bien el doctor Valenzuela es un empresario muy exitoso en biotecnología- también es un científico dedicado y una persona extraordinariamente generosa, observado de cerca y en numerosas ocasiones porque ambos compartimos la propiedad de Revista Bioplanet y la vecindad en el Parque de Ciencia y Negocios. Me pareció que "el tío Igor" cambió su opinión. Aunque respeto su razonamiento y entiendo su motivación, yo pienso que su visión de educación pública gratuita y ciencia por el gusto de conocer -que él vivió, que siempre retribuyó y hoy parece romántica y arcaica- está quedando obsoleta por el avance tecnológico y el cambio social. De hecho, leí artículos que vaticinan el fin de la ciencia frente a las ciencias aplicadas (tecnologías)...
El desarrollo de estos últimos temas es profundo y queda para otro posteo.


Igor Saavedra: Sin duda una inspiración.
ResponderSuprimirComparto lo que señalas respecto a que siendo capaz de hablarnos en forma muy elevada; tiene esa sencillez y cercanía que lo hacen inigualable.
También comparto que para construir nuevos mundos hay que destruir o dejar atrás el anterior.